domingo, 27 de febrero de 2011

El artículo de divulgación científica

Me fascinan los refranes. En México, cuando decimos que tal cosa es como "darle margaritas a los puercos" expresamos la poca utilidad de ofrecerle algo valioso a alguien que no sabe o no puede apreciarlo. Pues bien, ése es precisamente el reto intelectual de un artículo científico, ser capaz de escribirlo de tal manera que los contenidos sofisticados y precisos de una ciencia determinada sean claros para un público masivo. De hecho, la palabra "divulgación" viene del latín dis-vulgum, osea, extender algo sobre el vulgo, sobre la gente corriente.

Se aprende mucho escribiendo este tipo de artículos. Para empezar se comprende que explicar supone algo más que el mero ejercicio de transmitir información. Es necesario "traducirla", osea, adaptarla al "lenguaje" mental de las personas con las que nos estamos comunicando, lo que implica un trabajo muy inteligente en el vocabulario, en la sintaxis y en la información.

En el vocabulario debemos "desintoxicarnos" de la jerga de nuestra especialidad científica. Es el problema de los programadores, por ejemplo, que suelen ser incapaces de explicar las cosas más sencillas sin recurrir a ese lenguaje abstracto y oscuro de la computación. Por otro lado, la sintaxis debe ser más directa, más ágil, sin llegar a la oralidad, pero con un ritmo de frases más breves y directas. En cuanto a la información... tal vez sea ésa la parte más difícil. Debemos buscar el equilibrio entre la precisión de la ciencia y la capacidad de nuestro público para entenderla. Algo así como explicarlo con "peras y manzanas", pero donde esas peras y manzanas estén llenas de información nutritiva y rigurosa. Además, la variedad  siempre ayuda. Así que debemos explorar qué contenidos de información (definición, tipos, aplicaciones, historia, contraste con términos parecidos, características distintivas, etc) pueden ser relevantes para el que nos escucha y cuáles no lo serían tanto. Es decir, debemos incorporar peras y manzanas, pero también nueces, espinacas y aceitunas.

Ya lo ven. Es todo un arte que les abrirá las puertas en muchos escenarios profesionales y personales. Porque hacer comprender a otros lo que sabemos es una de las actividades que nos diferencian del resto de los animales. Y es, además, un deber ético que tenemos con el resto de la sociedad por el privilegio de tener acceso a un conocimiento especializado.